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La gran prueba de Daniel Viáfara

La gran prueba de Daniel Viáfara

Era diciembre de 2015, cuando en todas las escuelas de fútbol de la otrora efervescente y creciente ciudad de Yopal, se empezó a publicitar la llegada a esa ciudad de un profesor que había creado un nuevo concepto de formación deportiva, cuyo eje central era un Centro de Entrenamiento Integrado para el Fútbol C.E.I.F., el cual no solo era pionero en la formación integral de deportistas sino que ofrecía la oportunidad de que niños y jóvenes hicieran parte de este proyecto.

Esa noticia sin lugar a dudas despertó gran interés entre la comunidad futbolística de la ciudad y del departamento y generó en todos los niños y padres de familia una ansiedad inusitada porque llegara el gran día en que el cazatalentos proveniente de Bogotá, no solo socializarán su proyecto, sino que pudiera ver algunos niños jugando y pudiera encontrar material humano para destacar y potenciar.

Al final de diciembre de 2015,  se llegó la tan anhelada cita y el lugar seleccionado para recibir a más de 600 jugadores provenientes de todas las veredas, municipios y rincones del departamento fue el Polideportivo Pierre Lora, en donde abrumados con la masiva concurrencia de niños y jóvenes, el profesor Carlos Barato y sus colaboradores en Yopal, se vieron obligados a organizar encuentros por categorías que permitieran de alguna manera que todos los deportistas pudieran ser vistos, así fuera unos pocos minutos, tarea en la cual emplearon dos días, desde muy tempranas horas del día y hasta muy entrada la noche.

Dentro de esa organizada aglomeración de niños estaba Daniel Eduardo Viáfara Guacaneme, quien al igual que los demás concurría a la cita lleno de sueños y expectativas, y quien desde muy tempranas horas del día estuvo listo para llegar  de primeras al Polideportivo y con tanta ansiedad que ni siquiera quiso probar el desayuno a pesar de la insistencia de sus padres.

Como era de esperar por la cantidad de jugadores, la programación del evento tuvo retrasos entendibles al tener que organizar tantos niños, de tal suerte que solo hasta pasado el mediodía, su categoría 2003 saltó a la cancha, luego de haber sido presa fácil de la deshidratación e insolación propia de haber estado expuesto al inclemente sol de la altillanura colombiana, lo que le produjo náuseas y todo tipo de malestar físico y al final lo dejó sin poder demostrar lo que venía haciendo en su escuela de fútbol, La Campiña. Al final del día, Daniel dejó caer unas cuantas lágrimas y se fue con un sentimiento de frustración.

Sin embargo, aquello del refrán popular de que “al que le van a dar le guardan” en su caso se cumplió, ya que al profesor Carlos Barato le interesó un niño de la misma categoría y proveniente de la misma escuela de Daniel, quien para la edad tenía un buen fenotipo y aspectos interesantes en su técnica, lo que le permitió ser invitado a la ciudad de Bogotá para unas pruebas con el equipo 2003 de fortaleza C.E.I.F. El citado niño no tenía familiares, ni conocidos en la capital y ese hecho permitió que el profesor de la escuela La Campiña propusiera que invitaran a Daniel Viáfara, para facilitar el hospedaje, los desplazamientos y el acompañamiento del jugador seleccionado.

Efectivamente, a comienzos de enero de 2016, los dos jugadores Casanareños se presentaron en la sede de fortaleza C.E.I.F y después de tres semanas de trabajo con la categoría al mando del profesor Carlos Cuervo y luego de hacer las evaluaciones respectivas, resultó quedándose en el equipo Élite Fortaleza 2003 Daniel, quien había venido de comodín o acompañante y regresando quien había sido seleccionado en Yopal.

En los primeros meses del 2016, la adaptación a la altura y el clima de Bogotá fueron paulatinos y progresivos, de tal suerte que fue invitado a un microciclo con la Selección Bogotá, que orientaba el profesor Oliveros. Con el correr de los meses, su poder goleador lo consolidó como el máximo goleador de la categoría en el torneo de la Liga de Bogotá en ese año, con más de 35 goles, que le sirvieron al equipo dirigido por el profesor  Juan Carlos Acosta, para llegar a disputar el título de la categoría contra Millonarios, final que perdieron por la mínima diferencia.

Ese mismo año, es incluido por el profesor Carlos Cuervo, en el equipo 2003 que representó a Colombia, como FORTALEZA C.E.I.F, en el torneo internacional de Aruba, en donde de forma rutilante se alzaron con el título de campeones, sin conocer la derrota.

En el año 2017, el jugador sufre una fractura que lo aleja de las canchas dos meses, y que le quita ritmo de competencia y lo deja sin la posibilidad de figurar en la tabla de goleadores del Torneo Nacional. A pesar de que el equipo avanzó de la fase de grupos, se produjo su eliminación contra un equipo de Manizales. Entre tanto, en el torneo de Liga, el equipo durante todo el torneo lidera la competencia bajo la batuta del Profesor Mauricio Quiñones y nuevamente en la final, se ve relegado a la segunda posición.

Cuando Daniel Viáfara viajó de la ciudad de Yopal, una ciudad con clima de selva tropical húmeda, con una temperatura promedio de 33°c, en su maleta no solo llevaba los implementos deportivos y sus objetos personales, sino que llevaba la ilusión, la esperanza y la convicción de convencer, gustar y quedarse con un cupo en la plantilla del equipo y de alguna manera traspasar las fronteras de los antiguos territorios nacionales, para poder jugar en la una liga organizada y en un nivel competitivo mucho mayor.

El esfuerzo individual, su  dedicación, constancia y perseverancia en alcanzar sus metas, le han permitido sobrellevar el hecho de separarse de sus padres a tan temprana edad, de dejar su terruño y sus amiguitos de infancia, y gracias al apoyo incondicional de su núcleo  familiar e institucional de fortaleza C.E.I.F, en 2018 el jugador está hoy en lo más alto de la tabla de goleadores en la Liga Premier 2003, con 14 goles y 17 en el Torneo Nacional, y en los primeros lugares de rendimiento académico en el gran proyecto que cristalizó el equipo con el colegio George Washington, en donde adelanta sus estudios de noveno grado.

Esta historia merece ser contada para que más niños y jóvenes entiendan que los sueños, metas y objetivos, se pueden hacer realidad, a pesar de las barreras, dificultades y tropiezos que la vida nos antepone. Esta historia puede servir para inspirar a otros e invitarlos a no desfallecer ante las adversidades y a persistir hasta alcanzar y hacer realidad los sueños.